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Edith González
Guillermo Cantón Zetina
Es interesante seguir la huella de Edith González en el escándalo Panamá Paper: podría ser la punta de la madeja que lleve a descubrir fortunas de afamados actores y actrices vinculados con políticos. Por ejemplo Gaviota de Peña Nieto…
Edith fue la primera Aventurera, la exitosa obra de Carmen Salinas, en 1988. Protagonizó a una mujer de la vida galante, sexosa y muy dominante (quizá su verdadera personalidad). Tiene 51 años y, en el otoño de su vida, se ve metida hasta el cuello en el escándalo de la evasión fiscal y el ocultamiento de dinero de muy dudosa procedencia.
Tiene similitudes notorias con Gaviota: ambas nacen en Televisa y se hacen medio famosillas en el circo de Azcárraga; ambas tienen inclinación por los políticos de poder (y de dinero). Angélica liga a Enrique Peña Nieto cuando era gobernador priísta del estado de México. Logra cazarlo y casa con él. Como «primera dama» (¿cuál es la segunda?) se hace famosa mundialmente por su afición al boato, al esplendor, a lo versallesco. Con un pequeño pero: todo a costillas de 120 millones de mexicanos que medio viven.
Doña Bárbara (Edith) parece emular los exitosos pasos de la actriz-ave: también liga político encumbrado (Santiago Creel Miranda) cuando era secretario de Gobernación. Sostienen telenovelesco romance y después de ocultar por años el hecho, aceptan tener una hija, Constanza. Lenguas envidiosas hablan de que la aventurera podría haber iniciado una gran fortuna a la sombra de Creel. Al grado que ahora se codea con los grandes multimillonarios, narcos, deportistas, estadistas y demás yerbas, todos hermanados por el afán de no pagar tantos impuestos y alejar de la mirada pública sus fortunas muchas veces inconfesables.
Tal parece que Edith no tenía ni idea de una offshore ni de los paraísos fiscales. Lo suyo era la rumbeada y la actuación. Pero al casarse con Lorenzo Lazo entró al mundo de los lavadores de dinero y demás alimañas que sueñan cómo proteger sus cuantiosas riquezas. Consciente o no, Edith tuvo que convertirse de la noche a la mañana de actriz regularzona en prominente integrante del jet set mundial que tiene como hobby «enterrar» sus millones y ponerlos a salvo.
Quizá a Edith le falló un cálculo, en lo que Gaviota atinó: Creel fue aspirante presidencial del PAN; pero jamás llegó (se conforma con una senaduría actualmente). Mientras que Gaviota la pegó en seco, porque a quien conoció y ligó como gobernador, luego llegó a la Presidencia de la República. Mala suerte de Edith, pues…
Edith González, en suma, aparece como última beneficiaria de una empresa patito en Las Bahamas. Y no es nada malo para álguien como ella que se dio a conocer en Televisa y ahora trabaja, desde 2010, para Televisión Azteca.
Pero los políticos mexicanos no escarmientan. Los amores de farándula les encantan, los hace sentir superiores a todos los hombres, sin reparar en que sus parejas son marquesinas vivientes y nada más. Si no, que lo digan el nefando Díaz Ordaz, quien patinó por la Tigresa, o López Portillo, quien perdió todo (salud, dinero, familia) por los encantos voluptuosos de la yugoslava Sasha Montenegro. Para nuestros gobernantes, aparearse con una estrella de cine o TV significa el non plus ultra de su éxito masculino. Aunque la historia los castigue, por casquivanos.
Asaltan dudas en cuanto a Gaviota: ¿está entre los privilegiados de Panamá Paper? ¿Se ha prestado como prestanombre para ocultar riquezas inconmensurables? ¿Más adelante sabremos que es una habitante más de los celestiales paraísos fiscales, como Edith?…
Hablando de estrellas, podría pensarse que Kate del Castillo lo ha hecho mejor: por su belleza e inteligencia está en los cuernos de la Luna y trae embelesado a Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, que como traficante es deleznable… Pero está en la lista de Forbes con 1,000 millones de dólares.








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