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Explota PEMEX en Coatzacoalcos
Guillermo Cantón Zetina
Voló por los aires en Pajaritos no sólo una planta, sino también lo poco que queda de Pemex comenzando por su director, José Antonio González Anaya, concuño de Carlos Salinas de Gortari, quien demostró su alta ineptitud y que el presidente Peña lo puso ahí sólo por cuatismo. De hidrocarburos no sabe la A. Esa frivolidad de EPN hoy cuesta 24 vidas humanas y 136 heridos; que una ciudad entera esté bajo una nube tóxica y millones y millones de pesos perdidos. Un clavo más al ataúd de la inservible petrolera.
Como siempre, no se espera que caiga ningún responsable. Si en la triste tragedia de Guadalajara un día como hoy de 1992, donde las calles del sector Reforma volaron por descargas de gasolina en el subsuelo y hubo 206 muertos y 1,800 heridos y no hubo ningún castigo, ahora qué puede esperarse. En aquella ocasión, tanto PGR como SEDUE, que encabezaba Colosio, dieron carpetazo a las explosiones y punto final. Impunidad absoluta.
El flamazo del miércoles en Coatza es seguido por el mismo patrón de Pemex en los percances que no puede evitar: oculta la verdad. En este caso, los familiares de muertos y heridos de Pajaritos claman en el desierto diciendo que no se les ha dicho todo y que la cifra oficial de víctimas nunca se sabrá. Lo mismo de siempre: el gobierno falla, tapa la evidencia y deja todo al olvido, a que la gente no reclame más nunca.
González Anaya tiene doctorados en Massachusetts y Harvard; trabajó en 1996 en el Banco Mundial; en 2002 entró de burócrata a la secretaría de Hacienda, de la que fue subsecretario en 2006-2012. Pero su verdadera «fuerza» es que en 1990 se ligó con Salinas de Gortari, quien lo nombró director del Gabinete Económico de la Presidencia. De ahí vino que el hoy director de Pemex casó con Gabriela Gerard, hermana de la esposa del propio Salinas. Es, pues, el «concuño de oro»…
Pero de petróleo no sabe nada. Cuando mucho, conoce el olor de gasolina cuando carga el tanque de su auto. Imagínese: de manejar números en Hacienda pasó a manejar enfermos en el Seguro Social y ahora maneja hidrocarburos peligrosos. Aprendiz de todo, oficial de nada. Y los que pagan, como siempre, los acogotados ciudadanos.
Perdón, una corrección: González Anaya sí tenía conexión en Pemex: su padre, José Antonio González Pereyra, hizo gran fortuna con negocios….de Pemex. ¿Y sabe de quién fue socio?: Del mismo Fidel Herrera Beltrán, involucrado con los Zetas. ¿Y sabe quién es asiduo a las pachangas del director de Pemex?: el mismísimo Carlos Romero Deschamps, ese líder mafioso y corrupto que carga Pemex. Sólo dilectas personas en su círculo íntimo…
Pepe Toño, pa sus cuates, dejó un problemón en el Seguro Social, del que fue director, pues tomó más de 20 mil millones de pesos de una reserva de maternidad para pagar jubilaciones y pensiones. Cita el periódico El Día que González tuvo un déficit financiero superior a 18 mil millones de pesos en los dos recientes años. Aún así, Peña Nieto compró la idea de que Pepe Toño salvó al Seguro de la bancarrota. Y por eso se le hizo sencillo mandarlo a «salvar» a Pemex.
Pues ni ha salvado a Pemex y, en cambio, es incapaz de prevenir tragedias como las de Coatzacoalcos. Pero es intocable: la sombra de Salinas cubre de hecho todo el gobierno federal, empezando por Los Pinos. González Anaya, como James Bond, tiene licencia para sepultar a la empresa que fuese orgullo de Cárdenas.
Temo que la impunidad ya se comenzó a tejer para salvar el pellejo de González. Si en Guadalajara no cayó nadie a la cárcel; si en 1979 frente a Campeche hubo el mayor derrame petrolero de la historia y nada. Si dos flamazos en Ixhuatepec (1984 y 1996) mataron a más de 600 personas y hubo más de 2 mil heridos, y nada. Si en las plataformas marinas hay cada rato accidentes y no pasa nada…. Si en 2013 voló en pedazos la planta baja del edificio central por una explosión, y nada…. ¿por qué ahora tendría que pasar algo?.
Además, atrás del negocio de la planta cloradora siniestrada en Pajaritos está Mexichem, empresa del multimillonario banquero y hoy contratista de Pemex, Antonio del Valle, otro intocable privilegiado por el gobierno de Peña.
Entonces: pueden decir misa los parientes y deudos de las víctimas de Coatzacoalcos. Pueden protestar de la manera que quieran; de todos modos nadie los tomará en cuenta. Pueden alegar que se oculta la suerte de sus familiares: nadie los oirá. Tendrán que, como siempre, llorar a sus muertos y consolar a sus heridos. Del gobierno de Peña Nieto no esperen misericordia. El negocio de los hidrocarburos es siniestro, insensible, no tiene alma. Aquí de lo que se trata es que el concuño de Salinas de Gortari no salga «rayado», que siga medrando en el puesto. De eso se trata, no más.








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