Un nuevo partido político que preside Andrés Manuel López Obrador, que se ha venido conformando con gente de diversas tendencias políticas pero que tenemos en común la convicción de que el ejercicio de la política no puede seguir siendo lo que hoy es, una manera de vivir bien y haciendo negocios, siguiendo la conseja priista de que “un político pobre es un pobre político”.
Esto ya no puede seguir admitiéndose ni como chiste, hay que empezar a verlo y denunciarlo como lo que es, una prueba del cretinismo político extremo que ha arruinado al país.
Por otra parte, tenemos que reconocer que la tarea no es fácil, ya que el priismo actualmente ha colonizado con usos y costumbres prácticamente todo el espectro político, de tal modo que tenemos un priismo azul y otro amarillo, acompañados de otros de menor cuantía como son el turquesa, el naranja y el rojo, más una prolongación de sí mismo que es el Partido Verde, así que en la contienda electoral presente, solo Morena hace la diferencia.
El poder en México siempre se ha ejercido de manera vertical y antidemocrática, y esto nos ha llevado a abusos de autoridad sin parangón que se manifiestan sobre todo en una amplia discrecionalidad en el ejercicio de los cargos. Esta violación sistemática de la ley por parte de las propias autoridades es la que ha conformado prácticamente el “estado chueco” en que nos encontramos.
Así, teniendo esto en cuenta, debe quedarnos muy claro que ni la democracia ni el estado de Derecho se implementarán en el país sin un previo desarraigo de todos los usos y costumbres que hicieron posible durante tanto tiempo el “estado chueco” aún vigente.
Nuestra transición fallida se explica sobre todo porque no supimos arreglar cuentas con el autoritarismo y la corrupción. Nos olvidamos que el autoritarismo no permite el imperio de la ley; que la corrupción todo lo desfonda y que la economía “de cuates” impide el desarrollo general.
Ahora estamos empantanados en la charlatanería reformista del Pacto por México, pero está completamente pendiente la gran reforma que permita hacer realidad nuestro entramado institucional y normativo en el día a día.
Esto es, la justicia como algo cotidiano y accesible con la que se pueda contar a la hora de exigir derechos.
Ante la situación actual de descomposición acelerada, no queda otra que levantar la bandera de la Justicia como una manera de recobrar valores y darle un nuevo sentido a la sociedad.
Por otra parte, consideramos que ya debiéramos estar hartos de propuestas que invariablemente no se cumplen (si se hubieran cumplido este país sería otro, mucho mejor).
Lo que Morena propone es una actitud republicana de austeridad y honradez, cosas que de lograrse, equivaldrán a una mutación genética en la configuración de la política mexicana que necesariamente nos llevará a mejorar.
Por último, hemos de considerar que no se gobierna por decreto, los problemas hay que abordarlos de manera práctica teniendo en cuenta de que recursos se disponen para incidir en su solución, porque como decía un clásico: No importa cuántas veces propongas una idea sino existen condiciones para su realización no vas a ir muy lejos.
Que los otros prometan lo que saben que no van a cumplir. En Morena estamos empeñados en dejar atrás la política charlatana.
En Morena no hay candidatos de los poderes fácticos y por eso vamos a tratar con ellos sin el menor compromiso.
Estas palabras fueron pronunciadas en el inicio de nuestra campaña política, pero fueron ignoradas completamente por los medios informativos incondicionales al parecer del régimen en turno.
