- Arrancó la primera etapa del Tren Maya de Campeche a Cancún
- Innsbruck: si hubo incinerados. Se identifica al segundo normalista
- Se compromete Marcos Aguilar Vega, a la transparencia,
- Participa Gaspar Trueba en la entrega de reconocimientos al Mérito Laboral 2015
- Adán Gardiazábal entregó la unidad deportiva 3 de Mayo
- Mujeres indígenas pueden ser candidatas: Braulio Guerra
- Abarca y Pineda, la pareja que en un mes vio el fin de su suerte en Iguala
- Raúl Salinas es declarado no culpable de enriquecimiento ilícito
- Maestros de Guerrero afinan plan para boicotear las elecciones de 2015
- “No hay garantía de que mi sucesor no sea un estúpido»: Dalai Lama
Los Tufos del Narco: Avilés, Don Jaime y Lucky Luciano; Sinaloa, 1940-1950
José Luis García Cabrera
El grupo de Pedro Avilés trabajaba con Max Cossman, El rey del opio, miembro de la pandilla de Benjamín Bugsy Siengel de la familia de Lucky Luciano, jefe de la mafia italo-americana que desde principios de la década de los cuarenta operaba en varios estados de México, como Sinaloa, Durango, Chihuahua, Baja California y Jalisco. Los mafiosos ya no confiaban del gobernador Rodolfo Tostado Loaiza. Estaban convencidos de que les estaba jugando sucio, al quedarse con la mayor parte de los excedentes financieros del negocio en el estado. Algo que no podían tolerar.
—0—
Como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, a la que Estados Unidos entró en diciembre de 1941, se cortó el flujo de la adormidera que le llegaba desde Turquía para elaborar la heroína usada en los hospitales de guerra.
Este hecho fue una bendición para la Mafia, lista siempre para sacar provecho de todo y de todos. Los italo-americanos ligados al grupo de Lucky Luciano, en especial Bugsy Siegel, propusieron al gobierno del presidente Franklin Delano Roosevelt (1933-1945) impulsar el cultivo de la adormidera en México, para suplir la escasez de heroína y morfina en el mercado norteamericano.
Pocas semanas más tarde, en 1942, Siegel estaba en la ciudad de México acompañado de la hermosa pelirroja Virginia Hill, quien desde 1939 ya viajaba a Baja California para pagar a los funcionarios mexicanos que disimulaban no ver el tráfico de las drogas, entre ellos el veracruzano y piloto militar Luis Amezcua Torrea, amigo del entonces gobernador de Veracruz Miguel Alemán Valdés y a la postre secretario de Gobernación y más adelante Presidente de México.
De manera muy similar a como había erigido el Hotel Casino Flamingo, el primer gran casino de Las Vegas que convertiría a esa ciudad en la capital mundial de los juegos de azar, Bugsy Siegel quería utilizar esas habilidades empresariales para, con el visto bueno de su jefe Lucky Luciano, construir una poderosa red que le permitiera controlar el tráfico de opio y heroína a gran escala desde México.
En 1937 Luciano había nombrado a Siegel responsable de los negocios en la Costa Oeste, donde se manejaban el juego y las drogas en la zona de Los Ángeles. Tenía treinta y dos años cuando el mafioso arribó a esa ciudad, a donde comenzó a frecuentar los restaurantes de moda y organizar ruidosas fiestas, a las que asistían miembros de la aristocracia italiana y celebridades de Hollywood, como Jean Harlow, Clark Gable, George Raft y Cary Grant, entre muchas otras.
Gracias a la Ley Seca, las ciudades mexicanas fronterizas como Ciudad Juárez, Tijuana y Mexicali, habían experimentado un auge de cantinas, prostíbulos y casinos.
Empresarios estadounidenses que tenían relación con la mafia, invirtieron en esas regiones. Se les conoció como los Barones de la Frontera. En Tijuana abrieron centros de apuestas que ofrecían espectáculos de variedades, como posteriormente ocurriría en Las Vegas. La principal inversión la realizaron en un hotel casino e hipódromo que en 1928 se había construido en el balneario de aguas termales conocido como Agua Caliente. El lugar pertenecía a Abelardo L. Rodríguez, a la sazón gobernador del entonces territorio de Baja California y futuro Presidente de México.
El negocio se acabó en enero de 1935, cuando el presidente Cárdenas prohibió los casinos. Para entonces ya se había levantado la Ley Seca en Estados Unidos, y comenzaba el auge del negocio de las drogas, en el que el grupo de Al Capone ya se había iniciado en gran escala, pues desde meses antes comenzó a conseguir la morfina y el opio en México para su venta en Los Ángeles, una de las ciudades con mayor consumo en esa época.
A finales de 1938 Virginia Hill, de veintidós años, intermediaria, publirrelacionista y ex amante de varios mafiosos, entre ellos Bugsy Siegel y Lucky Luciano, se había establecido en Los Ángeles para relacionarse con políticos, procuradores, jefes policiacos y figuras de Hollywood como Erroll Flynn, George Raft y Gary Cooper.
En 1939 Hill y Bugsy se reencontraron y revivieron su tormentosa relación amorosa que habían mantenido en 1937, tras de conocerse en un bar de Nueva York. Fue en ese año cuando Virginia comenzó también a viajar a Baja California, y conoció e hizo su amante al piloto militar Luis Amezcua Torrea, quien deslumbrado por la belleza de la pelirroja y, sobre todo, las grandes sumas de dinero que le entregaba, le presenta al secretario de Gobernación, Alemán Valdés, convirtiéndose así en el principal enlace entre los mafiosos y los políticos, los militares y los policías mexicanos corruptos.
Como amante de Siegel, de Amezcua, y ya también de Alemán Valdés, futuro presidente de México, en la década de los cuarenta Virginia sería fundamental para establecer la red de contactos que facilitaba las operaciones de la Mafia en el tráfico de drogas entre México y Estados Unidos.
Con las puertas abiertas de par en par por Hill, Siegel también comenzó a viajar con frecuencia a México para conseguir más narcóticos, cuya demanda crecía entre las tropas y los hospitales estadounidenses, debido al conflicto mundial.
Siegel llegó a Tijuana y después se desplazó hasta Sinaloa, Durango y Chihuahua, para conocer a los principales traficantes de entonces: Pedro Avilés y Jaime Herrena Nevarez, y las regiones donde éstos sembraban la amapola.
Para favorecer el negocio, Siegel comenzó a destinar “créditos” a los sembradores, pagándoles por adelantado la cosecha.
Para 1943, el principal grupo de la Mafia que traficaba las drogas desde México estaba constituido por las familias de Nueva York, San Francisco, Los Ángeles y Detroit. Cossman la transportaba hasta la frontera, para revenderla a Charlie LaGaipa quien la distribuía por toda la Unión Americana, operando desde California y Nueva York. En Estados Unidos la pandilla era encabezada por Gaetano Lucchese.
La red de traficantes se vio amenazada, cuando las autoridades norteamericanas capturaron a más de una docena de sus miembros en diversas partes del país, desarticulando las conexiones para el tráfico desde México. Ante esto, los mafiosos contrataron a nuevos operadores en California, entre ellos William Lavin, quien desde 1942 compraba las drogas a una red de traficantes mexicanos encabezados por Enrique Diarte y Francisco Orbe.
A partir de entonces Diarte se convirtió en un importante traficante con centros de operación en Tijuana y Mexicali, desde donde intentó desplazar a Cossman que operaba en Guadalajara, Jalisco.
La rivalidad acabó en 1944, cuando el cuerpo de Diarte fue encontrado a orillas de una carretera de Baja California, con un balazo en el corazón y el cuello cercenado. Atemorizado, Francisco Orbe comenzó a trabajar para el grupo de Siegel.
A Cossman lo protegía en Guadalajara Andrés Medina Navarro, jefe de la Policía Judicial de esa ciudad jalisciense. Para la compra de opio en Sinaloa y Durango, trabajaba con los grupos que encabezaban Pedro Avilés y Jaime Herrera.
—0—
Como secretario de Gobernación, el licenciado Miguel Alemán Valdés recibió a la pelirroja Hill en su despacho. Poco después, era público que la había hecho su amante.
A partir de entonces, la guapa mujer y sus amigos mafiosos se dedicaron a organizar fastuosas fiestas en los lugares y colonias más exclusivas del Distrito Federal, teniendo como invitados especiales a los políticos de mayor renombre e influencia, a los que convencían de las “bondades” que generaba el negocio. Luego, siempre acompañados de Bruno Paglia, el hombre de las confianzas de Alemán Valdés en cuestiones financieras, los mafiosos comenzaron a organizar el negocio en Nayarit, Sinaloa, Durango, Sonora y Baja California.
Lo que siguió era inevitable. De la noche a la mañana arribaron el dinero y la prosperidad a los pueblos olvidados de la sierra occidental mexicana. Los ríos de dinero llenaron los bolsillos de los políticos, los militares y los caciques regionales, gracias a las drogas.
Sin embargo, también trajeron consigo la corrupción y los asesinatos generados por la ambición desmedida de esos hombres y mujeres. El asesinato del gobernador Tostado Loaiza, en Sinaloa, sería sólo el principio de lo que venía.
Cuando la guerra terminó, el gobierno de Estados Unidos decidió destruir lo que con la complicidad del gobierno mexicano había creado en secreto en la sierra occidental mexicana. Ordenó suspender la siembra de la adormidera porque la considera ilegal. Pero los traficantes de la adormidera se rebelaron.
–¿Y quién diablos se creen los gringos para decidir lo que sólo incumbe a los mexicanos? –estalló Pedro Avilés, preocupado de que sus ganancias se vieran afectadas por la decisión unilateral del gobierno estadounidense, ahora que se había restablecido el flujo de la adormidera desde Turquía.
Naturalmente, Avilés y Don Jaime decidieron continuar el negocio por su cuenta, pero pronto se dieron cuenta de que las ganancias no se comparaban con las que obtenía antes de la decisión estadounidense.
Pasó el tiempo y las cosas no mejoraban. Finalmente, un día se entrevistaron con el para entonces líder del Senado de la República, Carlos I. Serrano, su viejo conocido y amigo del ya para entonces presidente Miguel Alemán.
Serrano les dijo que le gustaba su manera de trabajar y por lo tanto seguirían operando como antes, pero ahora directamente con los italo-americanos, supuestamente sin la intervención del gobierno de Washington.
De esa manera, nuevamente florecieron las sierras de Sinaloa, Durango y Chihuahua, y se incrementó el poder de Avilés y Don Jaime y sus respectivos hombres, que siempre traían los bolsillos repletos de dinero.
Lucky Luciano, a través de Bugsy Siegel, ponía el dinero necesario y los sinaloenses la mano de obra y su experiencia en el cultivo de la amapola, la extracción del opio, su refinamiento en heroína y su transporte hasta el territorio norteamericano. No había riesgo alguno. Contaban con el visto bueno de la gente del gobierno mexicano, y la complicidad de las aduanas estadounidenses.
Cuando en noviembre de 1952 el presidente Alemán dejó la Presidencia, el noroeste del país, en espacial los estados de Sinaloa, Durango y Chihuahua, se había convertido en la región mexicana donde florecía la agricultura, pero también en zonas plagadas de corrupción gubernamental, traficantes de heroína disfrazados de honestos y laboriosos empresarios o comerciantes, y de matones (extracto de Los Tufos del Narco 1 –Narcos Viejos).











0 comments