Urge cambio de modelo económico

By en mayo 29, 2016

Jerónimo Gurrola Grave

@jggrave

Aunque ya es muy sabido, no deja de conmover e incluso aterrorizar la noticia que generalmente se da cada año, previo a la celebración del Día del Niño, acerca de la población infantil en situación de pobreza y pobreza extrema en nuestro país. Una vez pasada esta fecha, ningún gobierno se acuerda de hacer el mínimo esfuerzo por mejorar sus condiciones.

Según datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), el talón de Aquiles del gobierno mexicano es mejorar el ingreso del gasto familiar para romper con el círculo intergeneracional de la pobreza pues, según el informe que ambas instituciones presentan en vísperas del 30 de abril, se explica que 53.9% de la población de cero a 17 años de edad, es decir, 21.4 millones de niños de un total de 40 millones, carece de las condiciones mínimas para garantizar el ejercicio de uno o más de sus derechos sociales; acceso a la educación, a la salud, a la seguridad social, a una vivienda de calidad y con servicios básicos y a la alimentación.

Otro dato aterrador es que el 11.5% de la población infantil y adolescente en el país; 4.6 millones se encontraban en pobreza extrema en el 2014, al tener carencias en el ejercicio de tres o más de sus derechos sociales y ser parte de un hogar con ingreso insuficiente para adquirir los alimentos necesarios, a fin de disponer los nutrientes esenciales. Las cifras se agudizan más en la población indígena infantil pues, de acuerdo a este reporte del mismo periodo, el 78.6% de niños y adolescentes en hogares indígenas y 90.8% de quienes hablan su dialecto se encontraban en situación de pobreza mientras que sólo 6.8 millones (17%) no era pobre ni vulnerable en 2014.

Aunque las entidades con más personas de cero a 17 años que padecen marginación en el país son Chiapas, Oaxaca y Guerrero, en Querétaro, que ocupa el segundo lugar nacional con mayor desarrollo económico, de acuerdo con los resultados del mismo estudio, el 41.7% de su población infantil y adolescente, 270 mil, se encuentran en situación de pobreza, colocándose en la posición número 22 a nivel nacional, por debajo de Nayarit (45.4), Tamaulipas (43.3), Quintana Roo (43.2), y por arriba de Colima (40.8), Aguascalientes (40.7) y Jalisco (40.0).

Y mientras miles y millones de niños mueren por desnutrición y falta de servicios de seguridad social, Vanessa Rubio, subsecretaria de Planeación, Evaluación y Desarrollo Regional de la Sedesol, que no tiene ni la menor idea de lo que dice, asegura que la política social va en el camino correcto. Gonzalo Hernández Licona, secretario ejecutivo del Coneval, señaló hace dos días que, a pesar de que se mostró una recuperación económica entre 2014 y 2015, de 2008 a 2015 el ingreso real y el poder adquisitivo de los mexicanos no ha crecido, sino que ha disminuido y Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, abundó sobre el diagnóstico crítico de la realidad global: 62 personas tienen la riqueza sumada de 3 mil 500 millones de seres humanos —la mitad de la población mundial— y que en México, al igual que en Brasil, el 1% de la población concentra el 20% del ingreso total.

Cuánta razón tiene el Movimiento Antorchista Nacional al afirmar, como lo ha hecho siempre, que en una sociedad como la nuestra, donde la brecha entre ricos y pobres se agranda y se profundiza, urge un nuevo rumbo, un nuevo modelo económico y una nueva clase política en el poder.

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